A la restaurada Ermita de Nuestra Señora de los Dolores, situada junto al Torreón de Villacadima, se la conoce en la redolada como la Ermita del Diablo. Dicen que ello es debido a que en tiempos, en su interior, se guardaba una talla que representaba a San Miguel Arcángel luchando con el demonio. Esta figura se guarda actualmente en una casa de Monreal del Campo.
Sin embargo, en estas tierras todavía se cuenta una leyenda que nos habla de que en la víspera del día de Santiago Apóstol, hace ya muchos y muchos años, los habitantes de Villacadima (hoy despoblado) se disponían a celebrar los bailes y procesiones en honor al santo.
Ahí se encontraba una joven llamada Juana, cansada de tantos y tantos viajes al río a por agua con el cántaro y con ganas de bailar.
En un momento dado se dijo a si misma "vendería mi alma al diablo porque el agua llegase sola al castillo". De repente, una voz desconocida a sus espaldas le respondió, ofreciéndole cumplir su deseo a cambio de su alma. Volviéndose y mirando al extraño se dio cuenta de que estaba hablando con el mismísimo diablo. Era inconfundible, envuelto en una capa negra pero sin poder ocultar ni sus colmillos ni sus pezuñas.
Gravemente aturdida, aceptó el trato y al rato, más centrada, acudió a su casa para encomendarse a Dios y a la Virgen.
Al doblar las campanas que daban inicio a la fiesta, una devastadora tronada inundó Villacadima. Pero gracias a sus ruegos, que propiciaron la intervención divina, el agua se detuvo justo antes de llegar al castillo, evitando el desastre. Arrepentida, confesó la verdad al pueblo, que decidió erigir una ermita en honor al triunfo sobre el demonio y que se conoció a partir de entonces como "la Ermita del Diablo".
Sin embargo, Juana sufrió una dura penitencia: todo su cuerpo quedó impregnado por un intenso olor a azufre que le acompañó de por vida, recordándole por siempre aquel pacto con el diablo.
Una jota popular inmortalizó esta leyenda...
"Aunque tu padre me dara
Villacadima y el huerto,
no me he de casar con tú,
porque te huele el aliento".
Hoy en día, de aquel poblado apenas resisten una torre desmochada y la Ermita, fieles testigos de la historia del lugar.
Aún así, algunos aún temen acercarse a Villacadima porque la leyenda aún advierte del peligro de acercarse al torreón, la ermita o el pozo, donde el diablo podría aún podría susurrar algunas tentaciones cuando el sol se pone en las tardadas...


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