Estamos en un magnífico edificio de finales del s.XVII - principios del s.XVIII que sigue la tradición de las antiguas casas solariegas aragonesas con la característica galería de arcos de medio punto en la parte superior.
En el interior (que antes de museo fue colegio) es digno de admirar el entramado de maderos y maderas de la techumbre, que parece ser la original.
El Museo alberga más de 150 aperos, herramientas y útiles -donados por las gentes del pueblo- que abarcan todos los procesos del tradicional cultivo del azafrán desde la preparación de la tierra hasta la consecución del oro rojo, que transforma en magia cualquier plato culinario.
Las numerosas fotografías y textos ayudan a comprender la extraordinaria cultura del azafrán y la gran importancia que ha tenido el cultivo de esta flor en Monreal del Campo y la Comarca del Jiloca.
El azafrán es una planta bulbosa de la familia de las iridáceas. Su flor se debate entre lila y dorada, con color anaranjado. Florece con los primeros fríos, a mediados del mes de Octubre. Es una flor efímera que debe recogerse al amanecer rozando con los dedos las primeras escarchas. Los azafraneros y azafraneras recogen una a una las flores por el tallo. Después se esbrina alrededor de una mesa, se separan los estigmas de la flor, dejando los pétalos a un lado y al otro el azafrán. El siguiente paso es ponerlo a tostar a fuego lento sobre una fuente uniforme de calor para mantener el delicado producto con todas sus propiedades.
El azafrán tiene una historia larga en el tiempo y en el espacio: los egipcios, griegos y romanos ya apreciaban sus virtudes, empleándolo en el culto a los dioses, en el teñido de los tejidos o en el tratamiento de ciertos males. Los árabes introdujeron su cultivo en nuestra península, donde ya era conocido, pues San Isidoro de Sevilla nos habla de él.
Hasta 1936, en España, el azafrán llegó a extenderse por las provincias de Albacete, Alicante, Baleares, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Murcia, Navarra, Soria, Teruel, Toledo, Valencia y Zaragoza. Después de esta fecha, se redujo su área hasta tal punto que actualmente prácticamente se limita a La Mancha, Valencia y Teruel.
Antaño, en muchos pueblos de Aragón el azafrán se llegó a constituir algo así como en un valioso colchón económico que permitía afrontar gastos imprevistos.
“La rosa del azafrán
es una flor arrogante
que nace al salir el sol
y muere al caer la tarde”
“La rosa del azafrán
florece una vez al año;
si quieres cogerla bien
hay que cogerla temprano”
“La rosa del azafrán
se viste de color morado,
las lengüetas de amarillo
y el corazón colorado”
“Cuando vas de mañanica
a coger el azafrán
quisiera ser yo la rosa
para poderte besar"
“Canta, carretero, canta,
canta camino adelante,
que para olvidar las penas
nada existe como el cante”
“El que tenga una viña
junto a un azafrán
no necesita cesta
para vendimiar,
que las esbrinadoras,
cuando al campo van,
de racimo en racimo
las vendimiarán”
“Están cubiertas de flores
las calles de Monreal:
son las mocicas que vienen
de coger el azafrán”













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