lunes, 28 de septiembre de 2026

Ancestral Horno de Cal en Monreal del Campo (Teruel).

 


 

 En el entorno del Cementerio y la Ermita del Carmen de Monreal del Campo se conserva un antiguo horno de cal, también llamado calera.
Situado en un fuerte desnivel del terreno aún es observable la boquera por donde se introducía la leña y arriba, el pozo excavado más o menos circular, del cual levantan sobre el terreno unas cuantas hiladas de adobes a tizón.

Este horno es fiel testigo de aquellos tiempos en que dentro de ellos se calcinaba piedra caliza para producir la entonces indispensable cal viva.
La cal contaba con múltiples aplicaciones en la vida diaria, tanto en la construcción como en la agricultura e incluso en el aspecto sanitario.
Se usaba para fabricar mortero o argamasa y para revocar paredes. Con la cal se realizaba el típico encalado para las fachadas y también los enjalbegados alrededor de puertas y ventanas que protegían la casa de la entrada de insectos. De igual modo Se aplicaba en los troncos de los árboles frutales para impedir que los parásitos trepasen por ellos.
Se utilizaba también para limpiar y como desinfectante de establos, corrales, parideras, gallineros... por su alto poder caústico.
En épocas de pestes y epidemias se recurría a la cal viva en los entierros para evitar contagios.

Con el horno ya dispuesto se cortaba la leña y maleza, después se trajinaba la piedra en los alrededores. Los calcinadores y sus ayudantes escogían las piedras en tamaño y forma, luego se transportaban al horno en un carro tirado por un burro o a lomos de un mulo. Una vez se disponían en el interior del horno, comenzaba a generarse el proceso de combustión, y, por lo tanto, de producción de cal.
El fuego debía mantenerse encendido de forma ininterrumpida, día y noche, durante unos días (dependiendo del tamaño del horno y del clima). Los caleros hacían turnos para alimentar el fuego constantemente.
Cuando las piedras se habían calcinado y perdido su agua, y cuando el horno se enfriaba se cogían manualmente.
Lasas cenizas resultantes de la cocción se aprovechaban para abono en los huertos y campos.

El abandono de su utilización fue progresivo, se inició en el siglo XIX y se consumó a mediados de los años sesenta del siglo XX. Es en esa década cuando se generaliza el uso del cemento portland y el rápido despoblamiento del campo.
Desde entonces la mayoría de estos hornos se pierden en soledad.

A pesar de ser los Hornos de Cal un elemento etnográfico de primer orden son unos de los grandes olvidados de nuestro patrimonio tradicional y popular.

Monreal del Campo, Comarca del Jiloca. 

 


 


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