Ya se ven (con la llegada de un mejor tiempo) por el Valle del Ebro las amenazadoras orugas procesionarias por la tierra buscando enterrarse en ella.
Son las orugas de una especie de mariposa llamada Thaumetopoea pityocampa, organismo de presencia habitual en los pinares de Aragón.
Es un insecto que se desplaza en largas filas indias (como si fuera una procesión) por seguridad y eficiencia para confundir a sus depredadores haciéndoles creer que es un animal más grande.
Las procesiones siempre están lideradas por hembras y se dirigen todas a enterrarse en grupo a unos 15-20cm de profundidad, siendo bajo tierra donde las perdemos de vista. Una vez allí forman los capullos, dentro de los cuales se mudan a crisálidas, y entran en fase de permanecer dormidas hasta que las condiciones sean óptimas para emerger como mariposas, durante el verano.
Se dan casos de permanecer bajo tierra unos cuantos veranos hasta salir como mariposas.
Las mariposas, viven una media de un día y únicamente se dedican a fecundar y poner los huevos. Suben volando a las copas de los pinos, donde los pondrán en torno a una especie de membrana cilíndrica que puede parecer de papel.
Los huevos ecolosionan sobre las hojas de la planta huésped (planta escogida por la polilla, que suele ser el pino laricio (Pinus nigra) y el pino silvestre (Pinus sylvestris).
Las orugas se alimentan de sus hojas estrechas, llamadas acículas porque se asemejan a las agujas, y así van creciendo de forma rápida.
Se agrupan en unas bolsas sedosas blancas en cuanto nacen. Al principio pasan desapercibidas, pero al final del otoño, son bastante grandes y muy fáciles de ver en las puntas de muchas ramas, y resultan fundamentales para evitar que las orugas mueran de frío. Son su refugio.
Es en este período cuando desarrollan una serie de pelos urticantes, para protegerse de cualquier posible depredador, que pueden irritar nuestra piel y mucosas (y la de otros animales) y desencadenar reacciones alérgicas severas.
Las procesionarias representan un peligro para las personas, pero especialmente para las mascotas, cuya curiosidad a menudo les lleva a acercarse a ellas con consecuencias que pueden ser fatales. De hecho, ni siquiera hace falta tocarlas para sufrir su ataque.
Su principal amenaza son los alrededor de 500.000 pelos urticantes que recubren el cuerpo de cada oruga y que le sirven como defensa: cuando se sienten amenazadas los expulsan al aire como si fuesen dardos, por lo que ni siquiera hace falta tocarlas directamente. Estos pelos (denominados tricomas) contienen una toxina llamada thaumatopina, que puede provocar una amplia gama de reacciones anafilácticas desde escozor hasta la muerte de nuestros animales de compañía si se han tragado alguna.
Los mayores depredadores de la oruga procesionaria son el carbonero común, los herrerillos, el cuco, la salamanquesa, los sapos, los erizos, el murciélago, la abubilla, la picaraza, la mantis religiosa...
Por ello, a pesar de ser la oruga procesionaria una plaga urticante y peligrosa también cumple su función ecológica, formando parte -como hemos visto- de la dieta de otros animales y fomentando la biodiversidad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario