Tempus fugit ... El triste abandono hace mella en todo un maltratado inmueble señorial de principios del s.XX, situado en uno de los puntos más visibles de Ejea de los Caballeros.
Un palacete de tres plantas con un singular torreón lucernario que la incipiente burguesía industrial levantó enfrente mismo de la Iglesia del Salvador, en la confluencia del Paseo del Muro con las calles Concordia y Joaquín Costa.
La casa fue promovida con la familia Villacampa, grandes tenedores de ovino y productores de vino y licores de la época. Cuando Pepita Villacampa contrajo matrimonio con José Pujol, hijo de Rosendo, fundador de la Electroharinera "La Primitiva" de Ejea, el inmueble pasó a llamarse Casa Pujol. Gracias a esta última industria llegó el primer suministro eléctrico a la localidad.
Durante años el edificio combinó su carácter residencial con algunas oficinas y establecimientos comerciales como la venta de electrodomésticos o suministros como el butano.
Desde el punto de vista arquitectónico el edificio presenta un carácter historicista con rasgos eclécticos y en el mismo lugar donde se ubica, la tradición oral coloca un antiguo palacio barroco.
A pesar de los valores históricos y patrimoniales de Casa Pujol y de encontrarse en el entorno del protegido Casco Antiguo de Ejea, ya intentó -afortunadamente sin éxito- una inmobiliaria hace unos años su derribo.
La casa sobrevivió y sigue siendo un testigo vivo de la historia de Ejea, pero no se ha salvaguardado y presenta un estado de degradación progresiva.
En la teoría, siempre en teoría, la titularidad privada no exime a la administración y los poderes públicos de la obligación de proteger debidamente el patrimonio aragonés, el patrimonio de todos.
Pero ya se sabe, del abandono viene la ruina y de la ruina, la desaparición.

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