sábado, 28 de marzo de 2026

Con el encanto y el sabor tradicional de las Parcelas de Torrero-La Paz de Zaragoza.

 


 

 No son construcciones monumentales, sino todo lo contrario, pero constituyen un testimonio vivo de la arquitectura popular y el desarrollo urbanístico de la Zaragoza del s.XX.

Algunas de estas parcelas que, contra viento y marea, han conseguido llegar hasta nuestros días son fruto de la auto-construcción por parte de gentes (muchos llegaron de fuera) para labrarse un futuro en la ciudad en barrios periféricos.

Años duros, a mitades del s.XX y aún en plena dictadura y con rentas mínimas que hacían imposible acceder a una vivienda.
Se levantaron muchas parcelas con adobes que se realizaron con las propias manos y los cubos de agua subidos desde el Canal Imperial de Aragón.
Cerca hubo algunos, más marginados todavía, que se conformaron con vivir como podían en las chabolas de las Graveras de la Paz.

Estas parcelas, de arquitectura sencilla, de baja altura, algunas con entrada-pequeño patio, corral -hoy jardín- se adaptaron en su día a las necesidades de la clase obrera de la época y hoy en día constituyen, además, un valioso patrimonio inmaterial ligado a la memoria histórica de la ciudad.

Actualmente aún perviven en algunas calles algunos conjuntos de estas parcelas que conservan sus elementos originales y que deberían ser objeto de preservación en futuras actuaciones de reforma o en nuevos planes urbanísticos.

La parcela que hoy nos sirve de ejemplo estos días todavía se encuentra más engalanada gracias a las vistosas glicinas, siempre puntuales a sus días de floración primaveral. 

 

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