Datada hacia el año 1180 es una talla de madera policromada que presenta una Virgen con una expresividad bondadosa en los ojos y en la boca. Sostiene una fruta en una mano (símbolo de la dulzura de la Virgen) y tiene sentado en el regazo al Niño Jesús en actitud de bendecir.
La talla representa la transición del románico tardío hacia los inicios de la luminosidad y espiritualidad gótica.
Ha perdido la rigidez de las vírgenes bizantinas y adquiere la naturalidad cisterciense.
Se encuadra dentro de la imaginería de Virgen del Manto, en la que la Madre sujeta con una mano (en este caso la izquierda) una punta del propio manto en actitud de arropar y proteger a su Hijo.
De procedencia desconocida, fue adquirida en una subasta y restaurada.
Actualmente se encuentra expuesta en el espacio que ocupaba la capilla bautismal de la iglesia.

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