En los años en que había grandes concentraciones en la Plaza del Pilar y aún era frecuente encontrar puestos o quioscos callejeros que vendían comida para aves para que los visitantes les dieran a las palomas.
Hoy en día, esta práctica está totalmente erradicada, hay multas prohibiendo darles de comer y también un estricto control de plagas para evitar los daños en el patrimonio.
Todo ello ha hecho que las palomas se hayan dispersado por otros puntos y parques de la ciudad.

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