Mientras aguanten estas paredes del viejo palomar darán -aún- alas a la memoria que nos lleva a la, cada vez, más lejana infancia.
De cuando subíamos en aquellas mañanas por las costeras y rozas con los nuestros a coger pichones en el palomar.
Ya no existen aquellos tiempos en que, sin haber nada escrito, generación tras generación, se imponía el deber atávico de mantener en pie los palomares.
Eran invisibles elementos de unión con las propias raíces.
Raíces y arquitectura tradicional y popular que, inexorablemente, desaparecen.
Las Parras de Martín, Cuencas Mineras de Teruel.

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