"Viendo esta escena me ha recordado lo que me contaba un pastor (de los de toda la vida), de "las maniobras" que a veces había tenido que hacer para que una madre, sobre todo las primerizas, reconociera a su corderito y le permitiera tetar y otras más difíciles para que una oveja diera o permitiera tetar a otro, no hijo suyo, restregando las lanas del hijo y del no hijo, para que se unieran sus olores, que es por donde reconocen a sus crías; los problemas de cómo llevar a los pequeños recién nacidos el propio pastor, encima, cuando se amontonaban los partos en época de parir las ovejas; de como estar al tanto de todas, aunque fuera un rebaño grande para adivinar cual podía tener alguna dolencia, etc. etc." (Comentario de Antonio).

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