La "Casa", o sea la vivienda popular aragonesa giraba en torno a una estancia "mágica" y que normalmente estaba situada en la primera planta del edificio: lo fogaril, el fogaril.
Estancia vital de la vida, del día a día, donde se preparaban los alimentos y se comía.
Y era, principalmente en invierno, por entonces, siempre largos y duros, donde éste espacio cobraba "magia" ...
Era el lugar donde se charraba, donde se contaban los cuentos a los pequeños, donde se daba rienda suelta a la tradición oral, a la imaginación y a la fantasía... y también se ponían de manifiesto, como no, los miedos ancestrales, todo ello, con la complicidad de la lumbre, con su luz y su calor.
El lugar destinado al fuego, por norma general, se encontraba un escalón arriba del suelo y el fondo se protegía bien con grandes losas de piedra o con ancestrales chapas de hierro fundido.
El suelo solía ser, también de piedra o baldosas y a veces el escalón estaba protegido por un ribete de madera.
Y a ambos lados del hogar del fuego, las cadieras, o bancos de madera. A veces, contaban incluso con una izadera que hacía las veces de mesa para comer...
No podían faltar las alacenas para poder guardar y tener a mano todos los enseres y útiles para cocinar...escurreplatos, estrébedes, tenazas, badiles, fuelles para reavivar el fuego, recogedores...
Dibujo de Josep Rocarol, en un pueblo de Aragón, en los años 40.
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