La Real Basílica de San Lorenzo se levantó sobre una iglesia gótica anterior que el rey Jaime II ordenó edificar en la ciudad. La iglesia medieval es derruida a principios del siglo XVII, con el fin de levantar un edificio mayor que acogiera más número de fieles.
La tradición cuenta que la Basílica de San Lorenzo se ubica en el lugar donde los padres de San Lorenzo, mártir romano de padres oriundos de Huesca, tenían una casa.
San Lorenzo fue martirizado por mandato del emperador Valeriano, el 10 de agosto del año 258. Se dice que San Hipólito trasladó sus restos a Huesca, cuyas reliquias hoy se veneran en esta iglesia. Huesca recuerda con actos religiosos su doloroso martirio tras el que acabó quemado en una parrilla.
Coronando la nave central se instala a mediados del siglo XVII el retablo mayor.
El programa iconográfico de este retablo, terminado en 1648, se centra en la vida del Santo Patrón: “San Lorenzo repartiendo limosna entre los pobres”, relieves de San Orencio, San Justo, San Pastor y Santa Paciencia y dos lienzos con el tema del martirio de San Lorenzo en la parrilla y la Asunción de la Virgen.
Como en algunos frontispicios librarios de la época, los laterales del mueble se completaron con bichas, tanto en el cuerpo como en el ático que, por su tamaño y aspecto, no pasan en absoluto desapercibidas. Las bichas encarnan el pecado y el vicio.
La obra escultórica pertenece a Sebastián Ruesta y los lienzos fueron pintados en 1678 por Bartolomé Vicente.
El busto relicario de San Lorenzo preside el altar mayor, donde ha sido ubicado sobre un pedestal, y protegido por un cubo de metacrilato, con ocasión de que este año 2.025 se celebra el 1800 aniversario del nacimiento de San Lorenzo.

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